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«Nos acostumbramos a vivir con miedo»: la angustia de los vecinos de Isidro Casanova tras el crimen del custodio de una pollería

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Las manchas de sangre permanecen sobre la vereda de la avícola Don Torres, ubicada en Isidro Casanova. En este sector comercial, flanqueado por un negocio de motos y un local de seguros, hay cámaras de seguridad en cada cuadra, pero eso no detuvo a tres delincuentes que, este martes al mediodía, asesinaron al policía Mauro Fabián Molina (42). El custodio recibió dos disparos en el pecho mientras trasladaba la recaudación de varios locales hacia el banco.

«Nos acostumbramos a vivir con miedo»: la angustia de los vecinos de Isidro Casanova tras el crimen del custodio de una pollería
«Nos acostumbramos a vivir con miedo»: la angustia de los vecinos de Isidro Casanova tras el crimen del custodio de una pollería

“Se vive con mucha angustia”, expresó a Clarín Cinthia, psicopedagoga que atiende a pocos metros de la ruta nacional 3 y la calle Settino, donde ocurrió el crimen. “No podés salir. Mirá cómo te atiendo, le tengo miedo a todo. Lamentablemente, nos acostumbramos a vivir con miedo”, resumió con crudeza.

Las persianas de los comercios permanecen bajas y los propietarios observan recelosos desde detrás de los mostradores. A pesar de haber invertido en cámaras de seguridad y en algunos casos ofrecer custodios, como fue el caso de Molina —quien realizaba trabajos adicionales para mantener a sus tres hijos— nada logró frenar la ola de inseguridad que afecta a los vecinos de La Matanza.

“Es una zona abandonada, acá te cruzás con los que te afanan pero nadie hace nada”, admitió Valerio Vilches, vendedor ambulante que reside a cuatro cuadras del centro comercial. “Me pasó de vivir muchos robos. Por ejemplo, hace pocos días, en la esquina de mi casa atacaron a un chico por un celular. Quedás con miedo cuando te roban”, añadió.

En la estación de servicio YPF ubicada en la esquina de ruta 3 y Settino, Marcos, el playero que atiende el lugar, reconoce que la noche es aún más peligrosa y que incluso han recibido billetes de 20.000 pesos impregnados con droga. “Más de una vez nos han pagado con billetes de 20.000 con merca. Y nosotros no nos damos cuenta hasta que los contamos”, relató el empleado, que trabaja con temor desde hace cinco meses.

Marcos vive a 13 cuadras y afirmó que en un radio de dos cuadras alrededor de su casa existen al menos cinco “fisuras” dedicadas a la venta de drogas, cuyos responsables son vecinos conocidos. Asimismo, comentó que muchas estaciones de servicio permanecen abiertas toda la noche, pero en la suya decidieron cerrar temprano debido a los frecuentes robos. “Acá a la noche es muy peligroso. Por eso los mayoristas cierran a las 15”, concluyó.

Cinthia, todavía conmocionada, escuchó los disparos al mediodía y desde entonces no ha salido de su consultorio en la calle Settino al 3600. “Es muy triste vivir así y es lo único que nos queda porque no podemos irnos a otro lado. Si tuviera que elegir, no estaría acá”, confesó.

El crimen de Mauro Fabián Molina ocurrió cerca de las 12 del mediodía en la intersección de la ruta nacional 3 y la calle Settino. El policía había llegado a la pollería en una Volkswagen Amarok blanca, acompañado por la esposa del dueño del comercio. Al estacionar en la vereda, fue atacado por los ladrones, quienes le dispararon dos veces en el pecho. Fue trasladado de urgencia al hospital Paroissien, donde falleció debido a la gravedad de las heridas.

Nahuel López, dueño de un local de repuestos para motores a metros de la pollería, relató que hace unos meses su padre vivió en carne propia la inseguridad del Conurbano. Su padre, de 60 años, fue abordado por dos delincuentes mientras conducía su auto rojo y, al intentar escapar, recibió dos disparos en la cabeza. “Mi viejo salió corriendo para atrás y le gatillaron dos veces en la cabeza. Está vivo de milagro”, destacó Nahuel.

Los mismos ladrones intentaron robar otro vehículo a pocas cuadras, pero el propietario de la sodería involucrada arrojó la llave por encima de la reja. Su padre llamó al patrullero y la policía acudió rápidamente, aunque la cantidad de delincuentes supera la capacidad de respuesta. “Pasa seguido acá porque los chorros saben que no hay justicia. Hay algunos patrulleros pero es tanta la delincuencia que no dan abasto”, añadió.

Nahuel recuerda otros hechos recientes: hace dos meses, en una avícola muy conocida llamada Avicam, también ubicada cerca de ruta 3 y Settino, dos ladrones armados interceptaron una camioneta blindada, tiraron al chofer al piso y lo amenazaron con dispararle. Ese comercio también contaba con un custodio.

“La situación es terrible y lo peor es que no va a mejorar. Todo lo contrario”, expresó resignado. Nahuel asegura que ya se acostumbró a vivir en alerta constante. “Cuando veo algo raro, no atiendo y me voy al fondo del comercio. Ellos notan que te avivaste y se van a molestar a otros. Lamentablemente, uno aprende a convivir con eso”, concluyó.

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